Esa Sesión que no salió bien..

A través de mis años como atleta y ahora como entrenador, en múltiples ocaciones me he encontrado con días en que nada sale bien. No logro sostener la potencia indicada en la bici. No logro al correr aguantar el exigente ritmo del intervalo. Me ahogo con el ritmo que en cada brazada que doy. Si eres atleta de resistencia, seguramente has tenido días así y si empezaste hace poco y nunca te ha pasado, tarde o temprano te ocurrirá.

La mayoría de los atletas de resistencia, tenemos una mentalidad enfocada y muchas veces obsesionada con los números. La única manera de medir nuestros progresos está basada en velocidad, ritmos y sensaciones de fatiga. Esto no tiene nada de malo siempre y cuando tengamos conciencia que nuestro cuerpo necesita adaptarse a los estímulos de stress que le damos en cada entrenamiento. Por lo tanto, habrán días fáciles, exigentes, y otros muy exigentes también. El componente emocional afectará de igual manera cada entrenamiento. La pena, euforia, alegrías de nuestras vidas afectarán en cierto grado el desempeño durante el entrenamiento. El problema ocurre cuando no logramos alcanzar ése número, ritmo o potencia. 

Cuando fallamos en un entrenamiento, nos llenamos de sentimientos negativos. Frustración, pena, rabia e inseguridad. Sentimos que no estamos progresando y que de lo contrario, vamos retrocediendo. Durante años como nadador y luego triatleta esto me ocurrió cientos de veces. Incluso hasta el día de hoy me sigue pasando. Lo importante es la actitud para saber enfrentar ésos días.

  1. Predisposición. No te pongas barreras mentales antes de empezar. Llena de emociones positivas cada entrenamiento. Aunque sepas que es exigente, carga tú mente de pensamientos positivos. Confía en tus capacidades. Pensamiento positivo conducirá a acción positiva.
  2. El Momento. Concéntrate en el instante. No pienses en los intervalos que llevas o los que quedan. Lo que estoy haciendo en éste momento es lo que más importa. Fíja tú mente en la cadencia o respiración. Esto ayudará a desviar la atención de la fátiga.
  3. No te rindas. A menos que tengas una lesión, nunca abandones un entrenamiento. Si lo haces, te sentirás culpable, frustrado y derrotado. En el peor de los casos: 
  • Ajusta un poco la intensidad. Lo necesario para mantener la sensación de exigencia pero que te permita completar el entrenamiento.
  • Completa la duración. Ok, hay días que el cuerpo revienta. En ésos casos siempre será preferible bajar la intensidad y completar la duración antes de abandonar.

Es normal fallar en una sesión de vez en cuando. Pero cuando ésto ocurre con mucha frecuencia puede ser en síntoma de algo más importante que está ocurriendo física o mentalmente. Habla con tú entrenador. Mantén un feedback constante de cada sesión. Las sensaciones de fátiga y esfuerzo siempre ayudarán a desarrollar un programa de entrenamiento de acuerdo a tus necesidades.  Un buen entrenador siempre mantendrá buena comunicación con sus atletas. 

Por último, no olvides en disfrutar lo que haces. No todos los entrenamientos están diseñados para sufrir. Los días suaves aprovéchalos para enfocar tu mente en pasarlo bien más que en números y ritmos.

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